Un legado que impulsa nuestra visión educativa.
De origen campesino y niñez en pobreza económica. Queda huérfano
al fallecer su padre durante la revolución mexicana y a poco tiempo
muere su madre.
Se casó con María Briseño Aviña, procrean once hijos y adoptan uno
más. Fue un matrimonio de principios y valores que hasta la fecha sus
más de 300 descendientes llevamos a la práctica.
Él refirió que aprendió a “leer, escribir y hacer cuentas” hasta los 32
años, por ende, valoró en mucho la educación y proporcionó
condiciones educativas a sus hijos, nietos y múltiples familiares.
Durante su época de bonanza comercial contribuyó monetariamente
para arreglos en varias escuelas de Fresnillo y Tijuana. Todo siempre
discretamente y bajo su principio de vida “para que los niños no
sufran lo que yo, por no saber leer y escribir”.
Por su legado en favor de la educación es como esta Universidad lleva
su nombre.
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